Dentro del tema de la comunicación humana, dos grandes áreas son vitales para su desarrollo: la auditiva y el lenguaje oral. La capacidad auditiva íntegra en una persona comienza a dar sus frutos a partir de los seis meses de edad, en que el cerebro humano empieza a desarrollar la corteza auditiva en el lóbulo temporal y poco a poco, al oír y repetir dichos sonidos, va identificando el significado de estos y comienza a formar su lenguaje oral, mismo que le permitirá comunicarse. 

Desafortunadamente no todos los recién nacidos tienen esta capacidad auditiva íntegra al momento de nacer, sobre todo cuando existen problemas congénitos o la van perdiendo a medida que se van desarrollando cuando hay patología de sordera de tipo hereditario, amén de un sinnúmero de situaciones infecciosas (Meningitis), traumáticas, obstétricas, tumorales, post-quirúrgicas, post-medicamentosas, post-ictericia o en los primeros meses de nacido un niño que pasa algún tiempo en salas de terapia intensiva por diversas patologías, que finalmente pueden afectar la audición. 

Precisamente en esos casos de enfermedades o situaciones que pueden afectar la capacidad auditiva del individuo en los primeros meses de vida, es donde están indicados los estudios auditivos tipo "rastreo", donde a través de exámenes no invasivos (Emisiones Otoacústicas) puede el médico identificar en pacientes de riesgo, alguna alteración en la audición que requiera de estudios más específicos para confirmar un daño auditivo.

Antecedentes